Imágenes Satelitales

La mayoría de las nubes son buenas reflectoras. Su reflectividad depende de su espesor, tamaño y de la naturaleza de las partículas que la conforman. Las nubes muy espesas aparecen en el canal visible de los satélites muy claras dado que reflejan mucha radiación, pero una nube poco espesa puede aparecer también de manera clara si la superficie subyacente tiene buena reflectividad.

Los satélites, pueden realizan un barrido de la Tierra mediante líneas de Este a Oeste y de Norte a Sur fotografiando áreas consecutivas, formando de esta manera imágenes constituidas entre 2.500 x 2.500 pixeles y 5.000 x 5.000 pixeles. La identificación de los sistemas nubosos para su posterior análisis, depende del sensor con el que se trabaje.

Existen dos tipos de satélites cuyas informaciones se utilizan en meteorología, los geoestacionarios y los polares. Los geoestacionarios están situados sobre el Ecuador a una altura de 36.000 km. Estos satélites, giran alrededor del eje de la Tierra con la misma velocidad angular que ésta, lo cual genera que estén siempre en la vertical del mismo punto geográfico.

Los satélites polares, giran en órbitas que pasan cerca de los polos a una altura de 800 km. Ambos satélites, toman imágenes de la Tierra que luego se corrigen en el centro de recepción de datos y se reenvían a los centros correspondientes para su uso.

En la siguiente imagen de “topes nubosos”, se puede apreciar la extensión y tipo de fenómeno de acuerdo al estado nuboso. Entendíendose que a mayor intensidad de colores (rojo y amarillo) el sistema asociado es de mayor intensidad. Diferentes imágenes que pueden observarse cada 6 horas marcan la tendencia del fenómeno, ya sea su crecimiento, disipación, movimiento, etc.

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Desde el año 2007 el SMN emite de manera rutinaria los Avisos Meteorológicos a muy Corto Plazo (ACP) analizando la información emitida por los radares y satélite meteorológicos, estaciones meteorológicas de superficie, sensores de descargas eléctricas, reportes de redes sociales, entre otras fuentes de información.

Por otro lado, otra tipo de imagen satelital que se utiliza con frecuencia es de la “”visible” que denota la nubosidad en general y su extensión.

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Los radares meteorológicos juegan un rol fundamental en la elaboración de estos productos. Los ACP se emiten cuando se identifican tormentas fuertes o severas. Este aviso consiste en delimitar, con un polígono sobre la imagen de radar, la ubicación de las tormentas fuertes o severas y el área que puede ser afectada durante el desplazamiento de los sistemas.

Al igual que en muchos otros países del mundo, el alerta meteorológico por tormentas fuertes y el ACP se complementan entre sí: el alerta avisa entre 6 y 24 horas antes qué regiones del país pueden tener tormentas fuertes, mientras que el ACP delimita las regiones del país donde se están desarrollando dichas tormentas.

Las imágenes radar de estaciones terrestres también son empleadas como un reflejo más directo de la meteorología reinante y que permiten en cierta manera cubrir una extensión cercana a lo pronosticado en el TAF. Estas indicaciones que son reflejadas con colores (rojo y amarillo mayor intensidad) reflejan los núcleos de los fenómenos que están constituidos o constituyéndose.

El principio de funcionamiento de estos radares al igual que los empleados por los aviones, es a través del efecto doppler. Cuando las ondas electromagnéticas emitidas por el radar chocan con las partículas de agua (condensación) rebotan y vuelven al radar para su representación. Esa variación de la frecuencia emitida y de rebote permite detectar no solo los fenómenos, sino el movimiento de los mismos. En los aviones ocurre lo mismo. A medida que el vapor de agua sea más espeso la superficie presentada para el rebote de la onda será mayor y el radar a través de filtros lo discriminará representándolo con diferentes colores (rojo y amarillo más significativos).

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Imagen de la pantalla (ND: Navigation Display) de un avión que se encuentra empleando el radar meteorológico.

El comportamiento de la atmósfera, sin lugar a dudas, condiciona las operaciones aéreas. Nevadas, visibilidad reducida, techo de nubes, vientos cruzados a pistas de los aeropuertos y hasta ceniza volcánica condicionan un vuelo. Por ello, es de vital importancia utilizar todas las herramientas necesarias para la correcta planificación de un vuelo. De esta manera, se genera una conciencia situacional que favorece al fortalecimiento de la Seguridad Operacional.

Reflexiones finales:

  • Si bien el piloto no tiene que ser un especialista en el análisis de imágenes satelitales, es bueno conocer en donde buscarlas, que representa cada una y cuáles pueden ser los factores limitantes a la hora de planificar la navegación. Con los años y la experiencia, además del conocimiento de la zona de operación, el piloto irá adquiriendo destreza en la interpretación “genérica” de las imágenes satelitales.
  • El empleo de radares, por lo general, requieren de entrenamiento y conocimiento de sus principios de operación y funcionamiento. Son de gran ayuda en vuelo porque permiten mantener elevados los niveles de conciencia situacional en condiciones de meteorología adversa. De esta manera, se podrán tomar las decisiones pertinentes para evitar sobrevolar áreas peligrosas meteorológicamente.
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